JULIO DE CARO
Lidia ferrari
 
 
Fragmentos de "El tango en mis recuerdos. Su evolución en la historia". De Julio de Caro. (con una biografía de Carlos Rey). Ediciones Centurión. Buenos Aires.
 

"Ya tenía arreglado mi próximo debut, para el 24 de diciembre de 1924, hasta el 10 de abril, inaugurando "El Chanteclair" (mientras el Vogue's permanecería cerrado en verano) y, como mi orquesta cobraba renombre, a través de los discos que grabábamos para el sello "Víctor", vendiéndose muchísimo, sólo nos faltaba un pequeño tramo por escalar; darnos a conocer en lugares más accesibles a todos los públicos, de manera que este nuevo local llenaría a la perfección tal requisito.

Allí me hice de grandes amigos: Agustín Bardi, Graciano de Leone, Pascual Contursi, Carcavallo, Enrique Cadícamo, Atilio Sparo, Espeche, el Negro Flores, Jorge Santamarina, los hermanos Fito, Muiño, Razzano, Alberto Vaccarezza, Payá, Alipi, Novión, Pomar, Héctor Quiroga, Panchito Aranás, Roberto Lanata, "El Gordo Suero" Atilio Noceti, Enrique y Raúl González Tuñón, Carlos Muñoz (Malevo) y tantos otros, largo de enumerar.

Bardi se sentaba a un costado, donde tocaba Francisco, para escucharlo sin pestañar; esto se repetía noche a noche. Otros infaltables: Florencio Lezica, acompañado por Pedro Chutro; Carlos Mainini y Enrique Finochietto, íntimos todos ellos, y uno solo, en su pasión tanguística, rayana en la manía, y de no retirarse a dormir sin escuchar "Pico de Oro", "Todo Corazón" , "El Marne", "Te perdono"y "Taba calzada"; por parte, grandes amigos míos, especialmente Finochietto, y luego su hermano Ricardo, al ser presentado por Enrique. (Desgraciadamente para nuestro país, ya fallecidos.)

Finochietto, como niño que quiere hacerse perdonar alguna travesura, me decía:

-Mirá, De Carito, para mí es muy importante venir a escucharlos, pese a la agobiante tarea que sobrellevo; necesito de este bálsamo, que me renueva totalmente; tu orquesta tiene para mí un encantamiento de mundo soñado…!y me hace tanto bien!…

Nadie podrá suponer, y hablo a la nueva generación, que alcanzó a conocer, probablemente en ruinas, al "Chanteclair", o en sus últimos estertores, la belleza que fue al estrenarse. Su cocina, de un refinamiento sin parangón, para paladares de sibaritas y el salón de invierno a medio terminar fueron testigos de un gran "Restaurante" a la par de los europeos.

Una noche comenzó a diluviar, y en la corrida, en busca de amparo, tuvimos que utilizar al salón en ciernes, y los mozos hacer toda una mudanza, inclusive piano; los encajes y las plumas de trajes y sombreros parecían sauces llorosos, pero nadie se amedrentó, bailando a más y mejor.

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Al iniciar la nueva temporada, Vogue's decide cambiar su primitivo rótulo por el de Ciro's, y a poco tiempo de esto caí enfermo, coincidiendo, por suerte, con la llegada de Edgardo Donato de Montevideo, quien pudo reemplazarme como violinista diez días, respondiendo a su jerarquía, y haciéndose cargo de la orquesta mi hermano Francisco. Este apreciado colega (Donato), compositor de éxito, no fue correspondido en sus merecimientos de buen director de orquesta, en este Buenos Aires, y por aquello de que "nadie es profeta en su tierra", no se le vio actuar en los últimos años en locales, radio o TV.

Estando veraneando en Mar del Plata, este febrero de 1963, me llegó la penosa noticia de su prematuro fallecimiento, pena doble por saberlo a punto de cristalizar su partida a Europa.

Uno de mis más gratos recuerdos durante la permanencia en Ciro's, fue el gran baile de gala dado al príncipe de Gales, reunión memorable en honor de su Alteza Real, su simpatía habría hecho estropicios en más de un joven corazón.

Despojado ese ambiente- aunque muy escogido- del rígido protocolo, influyó en el regio visitante, para mezclarse con todos, y en la pista, tocándole bailar el tango "Buen Amigo", que al igual que a Finochietto y Lezica, hizo también su impacto en él, acercándose al palco para preguntar el noimbre de esa música. Minutos después fui invitado al escritorio de Jakobleff, quien ofreciéndome una copa de champagne, me presentó al Príncipe, y tras un abrazo casi fraterno, me explicó en un bastante buen castellano que estaba ahí ex profeso para felicitarme por mi orquesta y muy especialmente por "Buen Amigo". Luego, le obsequiaría yo varios ejemplares y discos del mismo. (Sobre este particular, debo esclarecer el equívoco de algunas publicaciones, asegurando que este tango fue dedicado al Príncipe de Gales; nada más inexacto.) En cambio, "Dulce Hogar", el que hiciese luego para él como regalo de bodas, fue muy agradecido por el obsequiado.

Lidia ferrari

copyright © Lidia Ferrari 2008

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