ELOGIO DE LA " MILONGA ".
Por Lidia Ferrari
(versión en español)
 
"A veces me pregunto si no será mi sombraque siempre me persigue, o un ser sin voluntad.Pero es que ya ha nacido así, pa’ la milonga,y, como yo, se muere, se muere por bailar...". De "Así se baila el tango". Marvil-E. Randal (1942)

TANGO: ¿Milonguero o fantasía?

1. Las que siguen son algunas reflexiones sobre el baile del tango. Constituyen un análisis de algo que, paradójicamente, resiste el analisis. El tango y todo baile es una experiencia única que involucra lo efímero de lo presente, la vivencia intransmisible del cuerpo y el goce intransferible de cada persona. Por lo tanto, su análisis implica despojarlo de aquello que lo hace ser lo que es. Pero siendo como somos herederos de una lógica cartesiana que se ha hecho carne, y que nos separa la mente y el cuerpo, la mayoría de las veces pensamos sobre el cuerpo y no lo ponemos en acción, así como en otras, más escasas, no somos más que cuerpo que decapita su propia cabeza.

Intentando reflexionar sobre el tango, no puedo eludir comenzar hablando en primera persona aunque desde allí desemboque en algunas generalizaciones impersonales. Es que está comprometido mi cuerpo y la pasión del baile, y con ello algo personal y único. Entonces, escribiendo sobre algunas "razones" del baile intento acercar las "pasiones" que las promueven.

2. En general, el que baila el tango "milonguero" (2) lo hace como una elección y por una necesidad. Parece dificil juntar estas dos opciones. Uno podría decir que si se trata de una necesidad no hay posibilidad de elegir. Pero siguiendo a Nietzsche, tal vez "sólo puedo ser yo mismo queriendo libremente mi vida necesariamente revivida" (3). Veamos entonces cuál es la necesidad de bailar el tango "milonguero", y caerá por su propio peso la razón de la elección. Cuando la pasión es bailar el tango, bailarlo en las milongas, para disfrutarlo uno mismo, para que cada abrazo y cada tango bailado nos aporte la felicidad del encuentro singular con nuestra circunstancial pareja no podemos dejar de ir a las milongas y ofrecernos a esa posibilidad.

Esto es así si lo que esta en juego es la pasión del baile como tal, aquella que nos lleva a disfrutar de ese único o de esos únicos tangos que se realizan maravillosamente, de modo ocasional y furtivo, con algún imprevisto partenaire. Cuando uno espera que esa magia se realice cada vez que va a bailar, la magia del encuentro, y no la perfección de una coreografía armada, no hay lugar en el alma mas que para el tango milonguero.

El problema, a mi modo de ver, es que la expresión "milonguero", designa, aparentemente, un estilo y una forma de danzar técnicamente diferentes. Si bien es cierto que el estilo y la técnica pueden ser diferentes de aquellos que tienen que bailar para un espectáculo (cómo no serlo?), por otro lado lo que está en juego es la diferencia en el deseo, en la intención, en el lugar y en los códigos a los que se encuentra sometido quien va a bailar a una milonga. Estoy convencida de que la estructura del tango danza es la misma en cualquier estilo y con cualquier técnica, por lo menos aquello a lo que se llama tango. Bailar en una milonga implica someterse a la seducción de las miradas, de las aproximaciones entre los que se gustan por su imagen o por su forma de bailar.

Implica estar sometido a determinados códigos de convivencia:

- Bailar en el sentido contrario de las agujas del reloj para que haya un orden. El orden necesario para que cada uno que baile lo pueda hacer sin tener que estar más pendiente de no chocar que de bailar.

- Los códigos de la invitación al baile: ya sea por cabeceadas, por miradas, por guiños o por invitación verbal directa (esta última forma es fuertemente criticada por los milongueros más tradicionales (4) .

- Someterse al mirar y al ser mirado como forma de intercambio entre todos los bailarines. Miradas de aprobación y de rechazo, tímidas y desafiantes, seductoras y odiosas, de solidaridad y de competencia.

- Someterse a los intervalos de las tandas de tango, vals y milongas que también desalientan la exclusividad de los partenaires y alientan el descanso reparador.

Estos códigos y otros que dependen del tipo de milonga y clima generado en ella, hace que estemos sometidos a una organización y a unas reglas que nos exceden, pero que son las que nos permiten encontrar allí la posibilidad de disfrutar con el baile, y poder, en la ocasión propicia, bailar el mejor tango de la noche o de la vida.

Esta necesidad de someterse a esos códigos de las milongas también ocurre en las nuevas milongas de gente muy joven (que están apareciendo en Buenos Aires), porque necesariamente deben encontrar códigos de interacción que, salvo pequeñas transformaciones (5), conservan mucho de los códigos de las milongas tradicionales.

Podría ser que una pareja bailara, eventualmente, sola en su casa. Pero no tendría el encanto de la "milonga" que aporta toda la ritualidad del habitat natural para que el encuentro entre hombre y mujer, con el tango como protagonista, se produzca.

 3. Pero hasta aquí estamos describiendo el espacio de la milonga. Porqué allí se hace necesario bailar el tango "milonguero"? En ese espacio, donde no sólo está en juego el intercambio con nuestro partenaire, sino que estamos íntimamente ligados a todos los que bailan, es obvio que el respeto elemental de su código conlleva en sí también una forma de bailar. Aquel que baila girando de aquí para allá, haciendo estruendosos ganchos, marcando contundentes boleos y desplazándose vertiginosamente por la pista, tarde o temprano no sólo se chocará con algún vecino sino que tal vez se encuentre, sin quererlo, con algún puño o algún parate de su ocasional víctima (6) . Esta visión nos da ya una razón necesaria para que el baile sea más reposado, más sigiloso, menos aislado y nos conduce a comprender la forma de abrazar del milonguero: la necesidad de sostener a su pareja y de efectuar giros impecables, sabiendo que no puede retroceder mucho y que la sensibilidad para transmitir su conducción está en todo el cuerpo. Todo esto hace al modo de girar, al tipo de pasos, a un modo de abrazo, a un modo de insertarse en la milonga que es lo que le da el nombre de tango "milonguero o de salón".

Y si uno tiene ganas de bailar en una milonga y no se muere por estar arriba de un escenario; si uno es lo suficientemente humilde para disfrutar egoístamente de un tango, y no está desesperado por el aplauso de los otros; si uno goza de la creación del baile, y no tanto de demostrar las destrezas, concluirá, casi sin saberlo, que lo suyo es el tango "milonguero".

 Por supuesto que un estilo no se contradice con el otro, siempre que el bailarín tenga presente que sus ganas, el para qué baila, el lugar y los códigos son diferentes. Es, entonces, desde el deseo, la intención, el espacio y los códigos donde se establece la oposición. Allí, en ese sitio, en ese lugar llamado "milonga", y no en las prácticas, no hay otra posibilidad que la de bailar el tango "milonguero". Aquel más agarrado, donde el abrazo entre el hombre y la mujer es más fuerte. Donde las coreografias prefiguradas no tienen lugar y donde la emoción del encuentro (no sólo del abrazo sino de la forma en que se baila) puede producirnos una satisfacción irrepetible.

 La situación en el tango llamado "fantasía", aquel que se prepara para presentar en shows y espectáulos es totalmente diferente. Una pareja ya armada, o que se constituye al efecto de bailar para exponerse, supone una previsión, un saber lo que se quiere y lo que se va a hacer, una planificación y por lo tanto, la construcción de una coreografía para desarrollarla frente a los potenciales espectadores. En esto ya se advierte una de las diferencias más importantes: la ejecución planificada versus la improvisación o la espontaneidad. ¿Qué emoción puede surgir de ese baile? Es seguro que hay emoción, la que surge, entre otras, de la mayor o menor perfección y calidad con que realicemos la danza coreografeada, y por supuesto, la aprobación y reconocimiento de los espectadores.

Estas son satisfacciones que, además de la retribución económica, lo convierte en tango profesional. El tango milonguero, por el contrario, se hace por afición y por gusto.

La sustancia en el tango "milonguero o de salón" radica en la necesidad de disfrutarlo, crearlo cada vez que se baila, en ese instante, para uno mismo. El tango para "shows o fantasía" es para dar a ver, para que otros gocen viendo un espectáculo. Si bien la mirada es fundamental en ambos lugares, porque en la "milonga" la mirada y los gestos de aprobación o rechazo de los demás tienen mucha importancia, en definitiva, el bailarín milonguero lo que quiere es sentir el tango que baila para sí mismo. Arriba del escenario lo que más importa es que se vea muy bien y si uno no lo disfruta no es lo fundamental. Está trabajando.

TANGO: ¿Técnica o estilo?

1. Ahora bien, estos dos estilos: el "milonguero" y el "fantasía", no son radicalmente diferentes, porque la estructura sigue siendo la del tango. En este sentido nos interesa plantear, que aunque el estilo y la técnica puedan hacer diferencias, siempre que sea tango conservará su estructura. Algunos discuten si el tango tiene que ser casi todo estilo o casi todo técnica. Pienso que tanto el estilo como la técnica, se asientan sobre una estructura de danza muy compleja. Todo el pueblo bailaba tango en las décadas del 30 al 50 porque la gente estaba sumergida en los códigos populares donde esa danza era pasión y carne en cada persona. Sin embargo, hablando con milongueros de esa época, afirman que los que bailaban "bien" el tango, no eran muchos. Todo el mundo se movía al ritmo de esa música, la cultivaba y podía bailarla. Pero se destacaban como pocos los buenos bailarines, quiero decir, aquellos que se sometían a la estructura de la danza y la inventaban y recreaban.

Esa complejidad está en la misma estructura del baile. Con esto no quiero decir que esta danza sea difícil porque requiera aprender mucha técnica o muchos pasos y figuras. De ningún modo. Aquellos que se la pasan aprendiendo nuevas figuras, incorporándolas sin ton ni son, no necesariamente bailan bien el tango.

Me refiero a la forma del abrazo entre el hombre y la mujer bailando, la complementación en los movimientos enlazados y casi maniatados entre hombre y mujer, que, al mismo tiempo, deben conservar sus diferencias.

Me refiero a la tarea de invadir el territorio de la mujer, al mismo tiempo que conservando un espacio común, donde se crea e improvisa continuamente ceñido a reglas estrictas.

Por supuesto que esta complejidad requiere de un conocimiento de la técnica para poder bailar bien. Pero la técnica no son sólo los pasos y figuras. Un bailarín "milonguero" que baile muy bien el tango, no sólo posee un estilo preciso, sino que aún en una caminata sencilla, domina una técnica de pasos, giros, formas de apoyar sus pies y pararse, imprescindibles para que pueda realizar su estilo. Por eso, el tango milonguero no es simple de transmitir, porque además de la técnica hay que mostrar que el estilo se "apoya" en la técnica.

Puede un buen bailarín no conocer demasiadas figuras, o no hacerlas pero su técnica será impecable, y aunque se vea sencillo lo que baila es de una alta complejidad. Cuantas menos figuras, más técnicamente correcto debe bailar, para poder mostrar su precisión.

La técnica es la lógica pura (casi matemática) que, aunque el bailarín lo desconozca, sostiene la posibilidad de dominar la estructura del baile, en la cual está incluído, inevitablemente, el estilo, la "parada", la postura, el "garbo".

Un buen caminador porteño "canchero" de la calle Corrientes, que ya casi ni existen, tiene las condiciones ideales para bailar el tango, tal vez hasta tenga un estilo, pero esto no es suficiente para hacer de él un bailarín de tango.

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Notas.

(1) Se denomina Milonga al lugar donde se baila el tango, vals, milonga y otros ritmos, con sus códigos y rituales propios. Milonga no designa, en este caso, al ritmo específico así denominado. Por otro lado, el lugar Milonga se diferencia de otros espacios como academias, prácticas, cursos, etc, donde se aprende o se practica el tango.

(2) Se hace referencia aquí a una diferencia establecida entre el tango bailado estilo 'milonguero o de salón', que se reconoce como el que se baila en los salones y bailes, llamadas 'milongas' con el tango bailado estilo 'fantasía', que es aquel que se realiza para shows y espectáculos, profesional. Esto no agota la distinción entre estilos para bailar el tango. Es simplemente usada aquí para decir lo que quiero decir.

(3) Pierre Klossowsky. 'Tan funesto deseo'. Ed. Taurus, 1980. Madrid.

(4) Las razones de esta crítica merecerían un comentario extenso que es imposible hacer aquí.

(5) En algunas milongas nuevas de Buenos Aires, con mayoría de bailarines jóvenes, se puede observar:

- En la invitación al baile no sólo usan el cabeceo, sino que, de modo más espontáneo el varón se acerca a sacar a bailar, así como algunas mujeres sacan a bailar a los varones.

- Aunque pareza que en algunas de esas milongas de gente jóven no existe la regla de bailar en sentido contrario de las agujas del reloj, en realidad esto es así con aquellos que están dando o sus primeros pasos, y todavía no conocen esa regla. Cuando se trata de bailarines jóvenes más experimentados esa regla es totalmente aceptada, por una sencilla razón, permite que todos puedan bailar.

- Esto se conecta con otra característica: hace algunos años solo se atrevían a salir a bailar en una milonga los que tenían cierta seguridad de cómo bailaban. Había una mística por la cual salir a bailar en una milonga era algo serio, respetable y que había que hacer en las mejores condiciones. Ultimamente, también reflejo de una cierta masificación del tango, los jóvenes se animan a dar sus primeros pasos no sólo en las prácticas o en las academias sino en las milongas. No está demás reconocer que los bailarines viejos y jóvenes que se quejan de estos actos de arrojo tienen algo de razón. Se subvierte el espacio donde se puede bailar en cuanto varios que no conocen sus reglas no las respetan. Algo similar a lo que ocurre con el tránsito de vehículos. Bastan algunos pocos que transgredan para que se caotice la circulación, con la consecuencia de que todos resultan perjudicados.

(6) Hemos observado en un casting donde se proponía a las parejas de tango que bailaran muy lento, sin figuras, mostrando tristeza, que una pareja de bailarines profesionales no podía dejar de hacer muchas figuras y exhibir sus destrezas para escenario. Se notaba que su estilo profesional para shows les impedía sobrecogerse y bailar como si estuvieran en una milonga, de acuerdo a las indicaciones de la producción.


Lidia ferrari
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In Praise of the "Milonga"
by Lidia Ferrari

Translated by Jeffrey Tobin

Sometimes I ask myself if it is not my shadow that is always following me, or a being without will. But it's just that it was born like this, for milonga, and, like me, it dies, it dies to dance ... .

"Así se baila el tango" [This is how tango is danced] by Marvil E. Randal (1942).

TANGO: Milonguero or Fantasía?[2]

1.What follows are some reflections on tango dance. They constitute an
analysis of something that, paradoxically, resists analysis. Tango, like
all dance, is a unique experience that involves the ephemerality of
presence, the body's unspeakable life experience, and each person's
ineffable pleasures. As such, the analysis of tango implies divesting it of
that which makes it what it is. But being as we are, heirs to a Cartesian
logic that separates the mind and the body, usually we think about the body
without putting it into action, while other times we are like bodies that
have cut off their own heads.
Wanting to reflect on tango, I cannot avoid beginning by talking in the
first person even though from there I embark on some non-personal
generalizations. This is because my body and the passion of the dance are
bound together, along with a personal and unique something. Thus, writing
about some of the "reasons" to dance I try to point out the passions that
those reasons set in motion.

2. I dance tango milonguero by choice and by necessity. It seems difficult to
reconcile these two options. One could say that if something is a necessity
there is no choice involved. But following Nietzsche, perhaps "I can only
be myself freely wanting my life to be what it necessarily would be
anyway."[3] Similarly, the need to dance tango milonguero is a choice that
makes itself necessary. When we have the passion to dance tango--to dance
it in milongas, in order to enjoy ourselves, so that each embrace and each
tango danced might bring the happiness of the passing, one-time
encounter--we cannot stop going to the milongas and forego the opportunities
the milongas offer.
This is what it is like if what is at stake is the passion of the dance as
such, that which brings us to enjoy the unique tangos that miraculously take
place, once or forever, with some unforeseen partner. When one hopes that
this magic will take place every time one goes to dance--the magic of the
encounter, and not the perfection of a set choreography--then there is no
room in the soul for anything but tango milonguero.
The problem, as I see it, is that the expression "milonguero", seems to
designate a style of dancing and a form of dancing that are technically
different. The style and the technique of tango milonguero are different
> from the style and technique of tango fantasi'a. How could it be otherwise?
What is at stake in tango milonguero is very different from what is at stake
in tango fantasi'a: the desires, the intentions, the settings, and the
codes to which the dancers find themselves submitted. Nevertheless,I am
convinced that the structure of tango dance remains constant despite
differences in style and technique, at least so long as what is being danced
deserves to be called tango.
To dance in a milonga implies submitting oneself to the seduction of the
gaze, of getting to be close to those who one likes for their appearance or
for their form of dancing. It also implies submitting oneself to determined
codes of convenience:

- To dance counterclockwise so that there will be order. The order is
necessary so that everyone who dances can do so without having to worry more
about avoiding collisions than about dancing.
- The codes of asking someone to dance: it could be by nodding heads or
catching one another's eye, by winks or by direct verbal invitation (this
last form is strongly criticized by more traditional milongueros).[4]
- To submit oneself to watch and be watched as a form of exchange between
all of the dancers. Gazes of approval and of rejection, shy and defiant,
seductive and spiteful, of solidarity and of competition.
- To submit oneself to alternating sets of tango, tango-vals, and milonga,
which discourage exclusive partnerings and encourage restorative rest
periods.
These codes and others, that vary according to the type of milonga and its
general climate, cause us to be submitted to an organization and to some
rules that are bigger than us, but that are necessary for us to find in the
milonga the chance to enjoy the dance and the possibility, at the right
moment, to dance the best tango of a night or of a lifetime.
This necessity to submit oneself to the codes of the milonga also occurs in
the new milongas of very young people (that are springing up in Buenos
Aires), because the young dancers also find it necessary to have codes of
interaction that, except for small changes, are identical to the codes of
the traditional milongas. It could be that a couple would decide to dance
only at home. But then they would not have the enchantment of the milonga
that carries with it all the ritual of tango's natural habitat, where man
and woman come together, but with the tango as the protagonist.

3. But up until now I have been describing the milonga as a location. Why is
it necessary to dance only tango milonguero there?
In this space--where not only the exchange with our partner is in play, but
also where we are intimately linked to everyone who is dancing--it is
obvious that simply respecting the code means dancing in a certain way. He
who dances girando[5] from here to there, making wild ganchos, marking
exaggerated boleos, and taking up all the dance floor, sooner or later not
only crashes into some neighbor but also may find himself, without wanting
to, facing the fist or the put-down of one of his victims.[6] This picture
demonstrates clearly enough one reason for which dancers must be solemn,
restrained, and aware of their fellow dancers. The picture also allows us
to understand the milonguero form of embrace: the necessity to provide a
solid base for your partner and to perform precise giros, knowing that you
cannot back up too much and understanding that the lead is transmitted not
only with the arms, but with the whole body. All of this constitutes the
form of tango that is given the name "milonguero" or "tango de salo'n". If
you have a desire to dance in a milonga and you are not dying to be on
stage; if you are humble enough to enjoy tango for yourself, and are not
desperate for the applause of others; if you enjoy the creation of the
dance, rather than showing off your skills, you will conclude, almost
without knowing it, that your tango is tango milonguero.
Of course dancing tango milonguero does not preclude dancing tango
fantasi'a, as well. But you must remember that the two forms of tango are
distinct, consisting of distinct desires, settings, codes, and motivations.
There, in that place called "milonga"--as opposed to practice sessions,
classes, or stage performances--the only tango to dance is tango milonguero:
that tightest tango of all, where the embrace between the man and the woman
is the strongest, where prearranged choreographies have no place, and where
the emotion of the encounter (not only of the embrace but also of the form
in which one dances) can provide us with an unrepeatable satisfaction.
The case of the tango called "fantasi'a", that which is prepared to be
presented in shows and performances, is totally different. To begin with,
the couple is already formed, or is formed at the moment to achieve a
particular dancing effect. The dance requires advance planning, knowing
what is wanted and what is going to be done, a plan and as such, the
construction of a choreography to be revealed in front of potential
spectators. Thus, one of the most important differences is already
apparent: the planned execution versus improvisation or spontaneity.

What emotion can arise out of tango fantasi'a? It is certain that there is
emotion, the emotion that arises, among others, from the greater or lesser
perfection and quality with which the choreographed dance is performed, and
of course, in the approval and the recognition of the spectators. These are
satisfactions that, in addition to the economic renumeration, are achieved
in professional tango. The tango milonguero, by contrast, is danced for
affection and enjoyment.
Tango milonguero or tango de salo'n is founded on the necessity of having a
good time and of believing in each and every dance, in that instant, for
yourself. The tango for shows or fantasi'a is for others to see and enjoy
as a performance. The gaze is fundamental in tango milonguero, too, because
in the milonga the looks and the gestures of approval or rejection from
others are very important. But what the milonguero dancer wants in the end
is to feel the tango that he dances for himself, whereas on stage what is
most important is that one looks good to others. It is not necessary for
the dancers of tango fantasi'a to have a good time. After all, it's a job.

TANGO: Technique or style?

1. So these two styles--the milonguero and the fantasi'a--are not radically
different because they are both based on the tango structure. In this sense
it interests us to propose that even though the style and the technique may
vary, tango always maintains the same structure. Some say that the tango is
almost pure style and others that it is almost pure technique. I think that
the style, just as much as the technique, occurs inside a very complex dance
structure.

Everyone in Argentina danced tango in the 1930s, 40s, and 50s because tango
was a major component in the popular codes of everyday life, so everyone had
a passion and feeling for tango. Nevertheless, milongueros of that time
confirm that though everyone danced tango, few danced tango well. Everyone
moved to the rhythm of the music, and had a feeling for tango, so they could
dance it. But the good dancers stood out because they were the few, I would
say, who submitted themselves to the structure of the dance and were thus
able to remake it and experiment with it from the inside.
This complexity is in the very structure of the dance. I do not mean to
imply that tango is hard because it requires learning a lot of technique and
many steps or figures. Not at all. Those who go on learning new figures
and incorporating them without rhyme or reason, are not necessarily dancing
tango well.
I am referring to the form of embrace between the man and the woman dancing,
the complimentarity in the interwoven movements and near knots between the
two who, nevertheless, must maintain their differences. I am referring to
the man's task of invading the women's territory, but nevertheless keeping a
space in common, where the dancers continuously create and improvise
according to strict rules.
Of course this complexity requires a knowledge of technique in order to be
able to dance well. But the technique is not just steps and figures. A
milonguero dancer who dances tango very well does not only possess a precise
style but even in the simple walk, he demonstrates a mastery of
techniques--including steps, spins, forms of placing his feet, and standing
still--that are indispensable for putting a style into practice. Therefore,
tango milonguero is not easy to teach, because in addition to technique, it
requires a style that is deeply rooted in that technique.
A good dancer does not have to know so many figures, or at least he does not
have to perform them, but his technique must be impeccable, and even though
it may look easy, what he dances is highly complex. The fewer figures, the
more technically correct one must dance them, demonstrating precision in
even the simplest walk.
The technique is the pure logic (almost mathematical) that--even though the
dancer may not recognize it--makes it possible to dominate the structure of
the dance. This structure inevitably includes the proper style, "stance",
posture, and bearing.
A good portenho "canchero"[7] who knew how to walk down Corrientes street
back almost before it existed--he would have the ideal tools to dance tango,
perhaps even up to the point of having a style, but that would not be enough
to make him a dancer of tango.
Endnotes

1. "Milonga" is the name of the place where people dance tango, tango-vals,
milonga, and other dances, each with their own codes and rituals. In this
case, "milonga" does not designate the dance that is specified as such.
Furthermore, as a place, the milonga is different from other spaces like
academies, practice-sessions, classes, etc., where one practices or learns
to dance tango.

2. [Translator's note:] "Milonguero" means "milonga style" and is used to
indicate tango as it is danced in milongas, while "fantasi'a" means
"fantasy" and is used to indicate tango as it is performed on stage.

3. Nietzsche quoted in Pierre Klossowsky, "Tan funesto deseo" (Madrid:
Editorial Taurus, 1980).

4. The reasons for this critique deserve an extensive commentary that is
beyond the scope of
the present article.

5. [Translator's note:] "Girando" means performing giros or spinning.

6. We observed auditions for a movie in which tango couples were asked to
dance very slowly, without figures, expressing sadness. One professional
dance couple could not stop making figure after figure and exhibiting their
stage dexterity. It is notable that their professional stage style
prevented them from slowing down and dancing as if they were in a milonga,
even though that is what they were directed to do for this production.

7. [Translator's note:] A "canchero" is a streetwise, experienced
individual.


Lidia ferrari

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ELOGIO DELLA "MILONGA"
Da Lidia Ferrari

 TANGO: MILONGUERO O FANTASIA?

  • Quelle che seguono sono alcune riflessioni sul ballo del tango. Costituiscono una analisi di qualcosa che, paradossalmente, contrasta con l’analisi.

Il tango, come tutti i balli, è una esperienza unica che racchiude in sé l’effimero del presente, la passione unica del corpo e il godimento intimo di ogni persona. Per questa ragione la sua analisi implica spogliarlo di quello che lo fa essere quello che é. Ma, eredi come siamo di una logica cartesiana che si è fatta carne e che separa la mente dal corpo, la maggior parte delle volte pensiamo senza tener conto del corpo e senza metterlo in gioco, così come altre volte, meno frequenti, non siamo che corpo che quasi decapita la mente.
Nel cominciare una riflessione sul tango, non posso evitare di parlarne in prima persona, anche se arriverò inevitabilmente a considerazioni più generali. Il problema sta nel fatto che è in gioco il mio corpo e la passione per il ballo, e quindi qualcosa di personale e unico. Per questo scrivendo su alcune ragioni del ballo, proverò ad avvicinarmi alle passioni che lo spiegano.

  • In generale chi balla il tango milonguero lo fa per scelta e per necessità. Può sembrare difficile l’unione di queste due opzioni. Si potrebbe dire che, quando si parla di necessità, non esiste possibilità di scelta. Però, citando Nietzsche, qualche volta "posso essere davvero me stesso quando liberamente decido della mia vita, pur necessariamente predestinata".

Vediamo dunque cosa intendo per necessità di ballare il tango milonguero e apparirà naturalmente chiara la ragione della scelta. Quando la passione è ballare il tango, ballarlo nelle Milongas, per goderlo in quanto tale, perché ogni abbraccio e ogni tango ballato ci porti la felicità dell’incontro singolare con la nostra compagna o il nostro compagno di quel momento, non possiamo non andare alla Milonga e offrirci questa possibilità.
Questo avviene perché è in gioco la passione del ballo in quanto tale, quella passione che ci porta a godere di questo unico o di questi unici tanghi che nascono in maniera meravigliosa, in modo occasionale e furtivo, con un imprevisto partenaire. Chi sogna sia questa la magia che può realizzarsi ogni volta che va a ballare, la magia dell’incontro e non la perfezione di una coreografia preparata, non può avere altro posto nell’anima se non per il tango milonguero.
Il problema, a mio modo di vedere, sta nel fatto che la espressione milonguero designa, apparentemente, uno stile e un modo di ballare tecnicamente differenti. Sebbene sia sicuro che lo stile e la tecnica possono essere differenti per chi deve ballare per uno spettacolo (come non potrebbe esserlo?), d’altro canto ciò che è in gioco è la differenza nel desiderio, nella intenzione, nel luogo e nei codici in cui si trova collocato chi va a ballare in una milonga. Sono convinta che la struttura del tango come ballo è la stessa con qualsiasi stile e qualsiasi tecnica, per lo meno quando si parla di tango.
Ballare in una milonga implica tenere conto della seduzione degli sguardi e dell’avvicinarsi fra persone che si desiderano per l’aspetto o per il modo di ballare; implica assumere determinati codici di convivenza:

  • Ballare nella sala in senso antiorario perché ci sia un ordine: l’ordine necessario perché chi balla lo possa fare, senza dover essere più attento a non scontrarsi che a ballare.
  • I codici dell’invito: con un cenno della testa, con lo sguardo, con un gesto o con l’invito verbale diretto (questo ultimo modo è fortemente criticato dai milongueri più tradizionali).
  • Il guardare e l’essere guardati, come forma di relazione fra tutti i ballerini: sguardi di approvazione o di rifiuto, timidi o sospettosi, seducenti o odiosi, di solidarietà o competitivi.
  • Gli intervalli (cortinas) fra gruppi omogenei (tandas) di tango, vals e milonghe, che permettono di cambiare il partner e alleviano la fatica.

 Questi codici e altri che dipendono dal tipo di milonga e dall’atmosfera che si può creare, ci collocano in una organizzazione e ci fanno accettare regole che parrebbero limitarci, ma in realtà sono quelle che ci permettono, in quella situazione, di godere del ballo e, nella occasione propizia, di ballare il miglior tango della serata o della vita.
La necessità di assumere i codici della milonga c’è anche nelle nuove milongas, frequentate da persone molto giovani, che si stanno aprendo a Buenos Aires, perché necessariamente anche qui si devono trovare codici di interazione che, salvo piccole trasformazioni, conservano molto dei codici delle milongas tradizionali.
Può accadere che una coppia balli, occasionalmente, sola in casa: ma non potrà mai raggiungere l’incanto della milonga, che ha in sé tutta quella particolare ritualità del luogo, che fa si che l’incontro fra uomo e donna, con il tango come protagonista, si realizzi.

  • Finora abbiamo descritto la milonga come spazio fisico. Ma perché, ci domandiamo, è necessario ballare il tango milonguero? In questo spazio, dove è in gioco non solo lo scambio col nostro partenaire, ma dove siamo intimamente legati a tutti quelli che con noi stanno ballando, è ovvio che i codici relativi comportano anche un particolare modo di ballare. Chi balla spostandosi qua e là in maniera disordinata, facendo ganchos turbolenti o boleos che colpiscono le coppie vicine e si dimena vertiginosamente per la pista, prima o poi non solo si scontrerà con una coppia vicina, ma qualche volta, senza volerlo, anche con un pugno o un arresto della sua vittima occasionale. Questa visione del ballo già ci mostra una ragione necessaria perché il ballo sia più tranquillo, più raccolto, meno rivolto solo su se stesso e ci fa anche capire il modo di abbracciare del milonguero: la necessità di sostenere la sua compagna, e di fare giri impeccabili, consapevole di non poter retrocedere molto e che la sensibilità per trasmettere il suo modo di portare sta in tutto il corpo. Tutto questo dà al modo di girare, ai tipi di passo, al modo di abbracciare, al modo di collocarsi nello spazio della milonga, il nome di tango milonguero o de salon.

Chi ama ballare nella milonga e non muore per non essere su un palcoscenico, chi è sufficientemente umile per godere dentro di sé del proprio tango e non è smanioso per l’applauso degli altri; chi gioisce nel creare un ballo e non tanto nel dimostrare la propria destrezza, arriverà naturalmente, quasi senza saperlo, alla conclusione che il suo è il tango milonguero.
Naturalmente uno stile non è in contraddizione con l’altro, sempre che il ballerino abbia ben presente che i suoi desideri, il motivo per cui balla, il posto e i codici sono differenti nei due stili. Sono quindi il desiderio, l’intenzione, lo spazio e i codici a determinare la differenza.
Nello spazio chiamato milonga, e non nelle practicas, non c’è altra possibilità che ballare il tango milonguero: quello più stretto, dove l’abbraccio fra uomo e donna è più forte, dove non c’è spazio per coreografie prestabilite e dove la emozione dell’incontro (non solo per quanto riguarda il modo di abbracciare ma anche l’insieme del modo di ballare) può produrre una piacere irripetibile.
La situazione nel tango denominato fantasia, quello che si prepara per presentare in shows e spettacoli, è totalmente differente. Una coppia già formata, o che si costituisce proprio per esibirsi, presuppone una pre-visione, il sapere a priori quello che si vuole e quello che si va a fare, la pianificazione e la costruzione di una coreografia da mostrare ai potenziali spettatori. In ciò già si percepisce una delle differenze più importanti: da una parte una esecuzione pianificata, dall’altra improvvisazione e spontaneità. Che tipo di emozione può sorgere da questo tipo di ballo? Anche qui c’è una emozione, quella che viene, tra l’altro, dalla minore o maggiore perfezione della qualità con cui si realizza la danza coreografata e, naturalmente, l’approvazione e il riconoscimento degli spettatori. Queste sono soddisfazioni che, oltre alla retribuzione economica, sono tipiche del tango professionale.
Il tango milonguero, al contrario, si balla solo per affezione e per il proprio intimo piacere.
La sostanza nel tango milonguero o de salon sta nella necessità di goderlo nella propria intimità, crearlo e viverlo ogni volta che si balla, in ogni istante, per sè stesso.
Il tango shows o fantasia è ballato per essere esibito, per far sì che altri godano vedendo uno spettacolo. Sebbene lo sguardo sia fondamentale in ambedue i casi, perché anche nella milonga lo sguardo e i gesti di approvazione o rifiuto degli altri hanno molta importanza, in definitiva però quello che il ballerino milonguero desidera, è sentire il tango che balla nella propria intimità. Sulla scena la cosa più importante è che il ballo si veda al meglio, e se non lo si gusta non è fondamentale: dopotutto si sta lavorando.

 TANGO: TECNICA O STILE?

 I due stili, milonguero e fantasia, non sono radicalmente differenti, perché la struttura del ballo è in sostanza sempre quella del tango. In questo senso ci interessa affermare che, anche se lo stile e la tecnica possono fare delle differenze, sempre che si parli di tango, il ballo conserverà la sua struttura.
Si discute se il tango debba essere quasi tutto stile o quasi tutta tecnica. Penso che sia lo stile che la tecnica si basano su una struttura di ballo molto complessa. Nei decenni fra il 1930 e il 1950 tutti ballavano il tango, perché la gente era immersa nei codici popolari, dove questo ballo era passione e carne per ciascuna persona. Tuttavia, parlando con milongueri di quell’epoca, essi affermano che quelli che ballavano bene il tango, non erano molti. Tutti si muovevano al ritmo di quella musica, la coltivavano e sapevano ballarla. Però erano pochi i bravi ballerini, voglio dire quelli che si sottomettevano alla struttura del ballo, la inventavano e la ricreavano. La complessità di cui parlavo è insita nella struttura stessa del ballo. Con questo non voglio dire che il tango sia difficile perché richiede l’apprendimento di molta tecnica, molti passi e figure. Assolutamente no; quelli che passano il tempo imparando continuamente nuove figure, cercando di incorporarle senza nessun senso, non necessariamente ballano bene il tango. Mi riferisco invece alla forma dell’abbraccio fra uomo e donna nel ballo, alla complementarietà dei movimenti, allacciati e quasi ammanettati fra uomo e donna, i quali allo stesso tempo, devono conservare la loro differenza.
Mi riferisco al compito dell’uomo di invadere il territorio della donna, pur conservando allo stesso tempo uno spazio comune, dove si crea e si improvvisa, continuamente guidati da regole rigide.
Naturalmente questa complessità richiede una conoscenza della tecnica per poter ballare bene. Però la tecnica non consiste solamente in passi e figure. Un ballerino milonguero che balla molto bene il tango, non solo possiede uno stile preciso, ma anche, dentro una camminata molto semplice, ha una tecnica di passi, giri, modo di appoggiare i piedi e di fermarsi, imprescindibili per poter concretizzare il suo stile. Per questo motivo, il tango milonguero non è semplice da trasmettere, perché oltre alla tecnica, bisogna mostrare che lo stile si appoggia sulla tecnica.
Un buon ballerino può anche non conoscere molte figure oppure non farle, ma avere una tecnica impeccabile e nonostante il suo ballo appaia molto semplice, resta comunque di un’alta complessità. Quante meno figure utilizza, tanto più deve ballare con una tecnica corretta, per poter mostrare la sua precisione.
La tecnica è la logica pura (quasi matematica) che, sebbene il ballerino può non conoscere, consente di dominare la struttura del ballo, in cui sono inclusi, inevitabilmente, lo stile, la parada, la postura, la grazia.
Un porteno della calle Corrientes dalla tipica camminata (quasi non ne esistono più) possiede le condizioni ideali per ballare il tango, a volte possiede anche uno stile, però questo non è sufficiente per fare di lui un ballerino di tango.

Questo articolo, scritto da Lidia Ferrari, è apparso su "Buenos Aires Tango", anno IV – numero 71 – Buenos Aires, Argentina. Lidia Ferrari, argentina, è psicoanalista, ballerina e studiosa appassionata del tango. La traduzione è di Giuseppe Blanco.


Lidia ferrari

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